[. Entre tanto dolor tú alma grita desconsoladamente, ya no encuentra refugio en lo que era una vez tu mundo. Simplemente reposas en tu ambigüedad, en tus fragmentos retorcidos y fantasías, mientras el dolor se expande por todo tu cuerpo, los gritos de tu inconciente aumentan y piden clemencia a un Dios que no existe... encerrado en un laberinto tan vespertino, tan aterrador, tan expectante.
Te encuentras parado, inmóvil como una sombra sin duelo. Mientras que las horas van pasando te quedas en el mismo lugar, sintiendo dolor, sintiendo angustias que no soltás, te guardas todo, y de apoco te estas convirtiendo en la caja de Pandora. Llora mi niño corrompido, siente lo que es dolor y no solo interiormente si no también exteriormente. Siente como tus lágrimas se resbalan por tus mejillas, que luego posarán en el suelo olvidando lo que alguna vez el dolor causado en ese momento.
Pero mi niño ya no callarás más, al acercarme me miras sin vida, sin ningún gesto, pero tus lágrimas comienzan a salir, yo sonrío y poso mi mano para sentir y acompañarte en este dolor tan embustero, tan eterno. Hagas lo que hagas, pase lo que pase, estaré a tu lado sosteniendo tus alas, y cobijándote del dolor que te tiene atrapado entre la oscuridad...
Vierte tus lágrimas en mis manos y comienza a sentir la realidad .]

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